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Las compañías discográficas no las tienen todas consigo con las compresiones mp3, wma, ogg, mp3 Pro, Internet, etc. Solamente piensan en ello ahora en epoca de vacas flacas, pero no recuerdan la etapa de las vacas gordas en que nos tomaban a todos el pelo y el dinero como les daba la gana. El pelo con actuaciones a base de playback total, con intérpretes que solamente ponian la cara sin cantar ni una nota en directo. Grupos multitudinarios que solo movían los labios con unas coreografías espectaculares para que el auditorio estuviese distraído y nadie reparase en que era un timo. Caras y cuerpos bien buscados por cierto, para que los incautos ni siquiera sospechasen. En los discos eran cantantes profesionales quienes a cambio de sustanciosas sumas ponían las voces. Después de tanta tomadura de pelo ahora se quejan.

¡Ei, cuidado!... ni se le ocurra a nadie negarlo porque lo se de buena tinta. Un amigo, músico de profesión, que estuvo en varias discográficas, vivía muy bien gracias a que se dedicaba – después de las grabaciones con su grupo – a hacer “horas extra” grabando los play-backs para otros que solo ponían las caritas y el bailecito: en todas las apariciones en televisión de esos niños/as guapos, lo único que hacían era mover los labios mas o menos sincrónicamente con la música que estaba sonando, atronadoramente, por cierto, para tapar cualquier posible salida de tono que se le escapase a alguno de aquellos muñecos de ventrílocuo por un subidon inesperado de su dosis de coca. Digo muñecos de ventrilocuo, para definirlos, porque ese mismo amigo me dijo que a quienes se dedicaban a hacer las músicas y las voces para otros se les conocía entre la profesión como “ventrílocuos”. Y el público contento y engañado; sin tener ni pajolera idea de que estas cosas sucedían, y ayudando con sus compras a que ese engaño siguiera adelante mientras la vaca diera leche: desde el preciso momento en que se han destapado algunos escándalos muy sonados gracias a que alguien grabó, bajo mano, momentos “estelares” de horrísonos desafines en cantantes muy populares y los vendió a las televisiones que los programaron a todas horas, la cosa ha cambiado completamente.

Una cosa es que un día, por enfermedad o causa mayor, un artista no tenga el cuerpo o la garganta en forma(que a todos nos ha pasado), tenga que cumplir un compromiso ineludible con alguna cadena televisiva y salga al escenario a hacer un “total” contando con la aprobación de la empresa, que sabe muy bien que si no es ese directo, pueden tardar meses e incluso años en poder contratarlo de nuevo, y otra muy distinta cuando el fraude se perpetra con total conocimiento del artista – y habitualmente – pero con desconocimiento de la la parte empresarial que piensa que es un directo-directo. El mas célebre – pero no el único – por su trascendencia mundial, fue el de aquel duo llamado Milly-Vanilly, del que aún ahora se siguen acordando en las sit-comedys estadounidenses cuando quieren dar a entender que un determinado artista es un bluff.

A partir de ahora habrá un nuevo término en la fraseología musical: compañías mp3 gráficas. Claro que, solo hasta que salga otro soporte que obligue a cambiar el nombrecito. Que las cosas van tan rápidas que no tenemos tiempo físico ni de asimilar las anteriores. ¡Que siglo este!...