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Los modos de vida que sirvieron para que nuestros mayores tuviesen unos referentes a los que acogerse en momentos de duda están cayendo en el olvido a velocidad de vértigo; la misma que nos empuja en el dia a dia a dejar de lado todo lo que nos sobra, que suele ser aquello que debe estudiarse para ser conocido. Hay que quemar etapas, como gasolina, para obviar todo lo que no nos proporciona satisfacción inmediata.

A muchos jóvenes les da repelús cada vez que oyen la palabra esfuerzo; y es que están acostumbrados a conseguir las cosas por la vía rápida, lo cual les hace rechazar cualquier conocimiento que no les sirva de forma práctica para conseguir lo que quieren, que suele ser trabajo o caprichos (no precisamente por ese orden). A la mayoría les horroriza tener que esforzarse para algo, por eso tienen tanto éxito las páginas de Internet en que les dan las cosas hechas o solucionan algún problema. Los padres que, en su mayoría, quieren lo mejor para sus hijos – sobre todo cuando han tenido que sudar lo suyo para conseguir una posición -, les ofrecen en bandeja todo lo que pueden darles y un poco más, sin reparar en privaciones para ello: “con tal de que la nena(o el nene) no tengan que pasar por lo que nosotros hemos pasado”.... Eso convierte a los hijos en los “putos amos” (cito textualmente) del hogar. Puesto del que será muy difícil desbancarles, porque a los padres también les dan repelús los problemas, sobre todo cuando llegan del trabajo (en el caso de tenerlo) completamente derrengados y sin ganas de discusiones ni enfrentamientos: quieren tener la fiesta en paz, y para ello no dudarán en hacer pequeñas concesiones, que, con el tiempo, se convierten en hábito para sus “niños”.

Nuestra sociedad se ha transformado en la del mínimo esfuerzo con la máxima remuneración. La gran aspiración de casi todo el mundo es tener suficiente poder adquisitivo que nos permita obtener todo lo que deseamos, aunque ello suponga que otros deban pasar necesidades, o que la Tierra se deteriore a pasos agigantados. Nunca antes se había visto una insolidaridad semejante.

Nos hemos convertido en egoístas hasta la exageración. Hoy, poco importa quien haya tenido una idea (con patente incluida); a nada que alguien de con ella en Internet, se la bajará a su ordenador para, retocándola debidamente, presentarla como suya con toda la cara dura.

Supongo que aparte de las causas mencionadas anteriormente, otra de las principales debe ser, la falta de preparación profesional, que sacude a la sociedad española en particular, por la resistencia al esfuerzo que comentábamos mas arriba: muy pocos adolescentes responsables se dan cuenta de que en este mundo competitivo quien no tiene estudios y titulaciones no tiene nada; y, aún así, a veces los titulados se las ven y desean para encontrar un trabajo acorde con los conocimientos adquiridos durante sus carreras. Por todo ello, haciendo caso de sus colegas y de algunos malos consejos paternos, la emprenden por el camino mas corto para intentar solucionar sus vidas, y eso siempre se paga, y caro, porque éste no es precisamente el país donde se atan los perros con longanizas, y cada que tiene su cada cual: si no puedes presentar un currículo brillante olvídate de acceder a los puestos mejor remunerados del panorama empresarial, a no ser que se trate del mundo del crimen, donde mas rápidamente se puede llegar uno a forrar, pero, siempre que esté dispuesto a asumir que su vida, desde el mismo instante en que entra en ese submundo, deja de tener valor.

Que no es oro todo lo que reluce y nadie da euros a cuatro céntimos. Que el lema de los sesenta: “Vive deprisa, gana rápido y deja un bonito cadáver” está muy bien como frase para soltar en una noche de excesos, pero que en la vida real no tiene ninguna vigencia. Que hay que saber envejecer con dignidad. Solo así le habrás ganado la partida a la vida., y, con eso, a todos los que te pusieron impedimentos para llegar a darte cuenta de ello.