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¡Para, paraaa!... – había dicho el marido antes de que su esposa estrellase el automóvil contra un árbol estratégicamente colocado a cinco metros del arcén. A pesar del golpe de volante brusco de el, nada se pudo hacer: ¡se la pegaron! Suerte de los cinturones de seguridad.

Allí quedaron, ella sin saber que decir, con la boca abierta balbuciendo no se que de “...la lavadora, la lavadora..., enchufada...”..., y el sudando copiosamente por el susto y dando gracias a no se sabe muy bien quien por lo bajini.
Ramiro y Rosa estuvieron así una buena media hora, sin reaccionar, mirando simultáneamente al paisaje y entre sí con cara de estúpidos, mas blancos que la cera.

"Ya te dije que eso de ir a ver a tu madre hoy no era buena idea" (sobre todo porque había partido en la tele)...
-   Pero, pero... ¿quién iba a suponer que ese árbol estaría tan cerca de la carretera? Ya les daba yo una buena a los de obras públicas por dejar las cosas a medio hacer...
Bla, bla, bla, bla... Otra media hora de reproches mutuos y ataques en los que salieron todas las incompatibilidades que habían dado al traste con aquel matrimonio que se las prometía tan felices y que había culminado en un “soportarse para ir tirando” tan común en las parejas que se necesitan para seguir viviendo.
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¿Qué pensáis que hubiera sucedido si el conductor hubiese sido el? Exactamente lo mismo. Hay cosas que no varían por mucho que entren en la fórmula variables diversas. Vamos, que hay situaciones que no pueden cambiarse aunque los protagonistas tuvieran el valor de agarrar cada uno un vehículo y marchar a todo gas por caminos opuestos. El destino los volvería a unir para que siguieran sufriendo juntos a pesar de los pesares. Es lo inexplicable, que con unas sencillas operaciones matemáticas nos demostraría la inevitabilidad de algunos sucesos, como en aquella serie de TV en la que, mediante las matemáticas, resolvían casos gracias a la ley de probabilidades y las constantes fijas y variables.Go to fullsize image

No, no, señores, no vamos a entrar en si las mujeres conducen peor o mejor que los hombres o viceversa, porque esta no es la intención del articulista, sino bucear en el meollo, en las causas mas profundas de la conducta en pareja. No les quepa la menor duda de que mucho de lo que sucedió aquel día tuvo que ver con las pautas de conducta y los detalles que habían llevado a aquellos dos a donde estaban cuando el accidente. Y eso no pueden predecirlo ni el código de circulación ni los ortodoxos griegos. Hay muchos más condicionantes que el simple despiste o el desconocimiento de las reglas fundamentales de la conducción para causar un accidente. Y eso no hay código escrito que lo especifique, por muchas recomendaciones que se den a la hora de ponerse al volante. Nada sirve para nada en un momento dado: la décima de segundo que va entre el continuar sin problemas o el tenerlos. Cualquier causa que se inventen será aplicable a algún caso concreto, pero no por regla general. Cada persona es un complejo mundo, y cada pareja más. Los problemas de pareja no se acostumbran a dejar en casa a la hora de ponerse al volante. Si a ello añadimos problemas personales – aunque sean leves – ya tenemos el detonante que pone en aquel vehículo concreto una carga con temporizador que, antes o después, desencadenará el desastre. Si es de manual...Go to fullsize image

Lo realmente interesante es como no se han dado cuenta en la DGT de todos estos detalles que están a la vista de cualquier observador un poco preocupado por el tema. ¿Como no incluyen entre los ejercicios preceptivos para obtener el Carnet de Conducir la visita obligatoria al sicólogo y ciertas pruebas de carácter personal que determinen las capacidades “síquicas” con que el, o la infrascrita, se enfrentan a la conducción?: en que condiciones afectivas llegan a situaciones extremas en las que cualquier distracción nos puede costar la vida, o, en el mejor de los casos una parálisis permanente.
Ahí queda la pregunta, al viento, como la aerodinámica carrocería de ese objeto que unos idolatran y otros denuestan, pero que no hay que olvidar que es una máquina que debemos manejar nosotros, con todos nuestros sentidos alerta. Sin problemas sentimentales añadidos.
Por favor, cuando conduzcamos, dejemos en casa todo el exceso de equipaje mental que no hace más que complicar las cosas, y hagámoslo como si hubiésemos despertado de golpe de un profundo sueño que nos ha dejado el cerebro como nuevo.Go to fullsize image

PD: que estas vacaciones de Semana Santa sean las menos accidentadas de los últimos años.