- Para escribir hay que tener unas cuantas cosas claras. Son muchos los que en estos últimos tiempos se han decidido a ello: unos por falta de otra cosa mejor que hacer tras un despido, otras porque alguna de sus amigas lo ha hecho con un cierto éxito y “ella” no va a ser menos que la cursi de fulanita que,además, tiene el culo gordo; unos terceros porque siempre les había atraido la idea pero nunca antes se habían decidido a causa del trabajo que los tenía muy atrapados, pensando que eso de escribir “en serio” era asunto de profesionales cuyo cupo ya estaba cubierto desde siempre y que los lectores no compraban otra cosa;
- otras, porque dudaban ¿que iban a contar ellas que no estuviera ya contado por las reinonas de la escritura?... En fin, que el ponerse ante una pantalla en blanco les daba un cierto repelús a la mayoría, pero visto el éxito que libros de gentes populares tienen – con menores méritos que ellos/as - la duda ofende. Hay que liarse la manta a la cabeza y tirar por derecho, que sea lo que Messi quiera.
- Lo difícil es mantener el ritmo cuando ya se ha publicado un primer mecanoscrito, pues se supone que, como noveles, se vierten en el la totalidad de ideas que se habían ido acumulando en el disco duro del ordenador o en cuadernos y hojas manuscritas, cuya ordenación es una de las tareas mas arduas que cualquier autor pueda emprender. Por todo ello no es de extrañar que las primera obras siempre parezcan – salvo muy raras excepciones - “precipitadas”: se tiene demasiada prisa por ver el trabajo de tantos meses en letra impresa con una portada rompedora y en los escaparates de las librerías con la etiqueta “nº 1 en ventas”. El sueño de todo escritor hecho realidad. Si, bueno. Y ahora ¿que?...
- Una vez publicado, los veteranos no esperan los plácemes y zarandajas que suponen las presentaciones, pues mas bien se lo toman como un mal necesario al que hay que acudir para promocionarlo y promocionarse, sino que ya están ocupados en otra cosa ( o en varias ), e incluso los hay que simultanean ideas para no caer en lo que se conoce en el mundillo literario como la fatiga argumental. Es en ese momento en el que tantos novatos tiran la toalla y deciden dedicarse a otra cosa porque han entrado en la monotonía de quien poca cosa mas tiene que decir. Es la auténtica agonía del cerebro seco, que por mucho que se estruje no saca jugo; un estado de mala leche permanente del que no se sale facilmente, y, aún así, siempre con terribles secuelas de ninguneo personal.
- Quien piense que por ser periodista, o presentadora de televisión, o actor, tiene el mundo de la literatura abierto, se equivoca de medio a medio. Es uno de los cotos mas cerrados de la cultura, al cual solamente se accede o, a base de mucha experiencia, o por un golpe de suerte, que tan solo se da una vez en la vida, y a muy pocos. Cuando nos creemos medio instalados en ese mundo de fantasias, opiniones, fabulaciones, argumentos, personajes, situaciones y neuras, queda todavía la aquiescencia de las editoriales (que esa es otra), con sus exigencias y prisas a cambio de una promoción adecuada y una serie de presentaciones públicas que pondrán en órbita al/la autor, pero a costa de su salud y de no pertenecerse a si mismo/a ya nunca más.
- Ni siquiera se os ocurra imaginar que el público que os favorece con su aplauso, comprará vuestro libro “porque es vuestro”, porque a la primera de cambio, ese mismo público buscará en la red versiones p2p para bajarse gratuitamente un ejemplar. El público que dice adorar a sus ídolos no duda ni un momento en darles la espalda de la misma forma que decidió admirarlos: por la vía rápida del olvido. Por eso todas aquellas personas cuyas profesiones dependen del público están siempre en la cuerda floja entre la admiración y el abucheo, pasando de una a otro en cuestión de segundos. No hay fórmula segura con la audiencia: de la misma forma que te encumbran te defenestran, sin pestañear.
- Hoy en día con internet, todo parece mas fácil; y digo “parece” porque así es: tan solo una espumosa apariencia que se disuelve entre la bruma de páginas y mas páginas de escritores noveles en todo el mundo. Es una falsa apariencia que nos hace creer que el mundo está a nuestro abasto y que nada nos puede impedir ser ya Premio Pulitzer – en el caso de los periodistas – o Premio Nobel - en el de los autores -.
- Quien caiga en esa aparente trampa está condenado de por vida a escribir noticias como redactor de calle, o guiones en un cutre programa de tres al cuarto en televisión. Es el precio que hay que pagar por creer en los sueños de lo virtual como la panacea que nos va a proporcionar la manera cómoda, desde el sofá mas mullido de nuestra casa, de ganarnos el sustento escribiendo.
- Recordad queridas/os: solo los elegidos pueden rozar la gloria. Y aún de esos, tan solo una mínima parte llegar a ella.
- No he pretendido con este post tan deprimente quitarles las ganas a quienes se inician en el noble arte de la escritura; nada mas lejos de mi pensamiento. Simplemente abrir los ojos de los futuros/as garabateadores para que entren prevenidos en este apasionante mundo de las letras, que es la antesala del Parnaso, al que unicamente acceden quienes han aprendido que la escritura es tan solo el primer paso para conocerse un poco más. ¡Suerte a todos!...
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